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El Cielo de la Noche de la Investidura de Barack Obama

Fecha:20 enero 2009
Lugar:Capitolio, Washington D.C., Estados Unidos
Coordenadas:38.8899, -77.0091
Categoria:Política

El 20 de enero de 2009, a las 18:00 hora local, mientras las estrellas comenzaban a aparecer sobre el Capitolio de Washington, Barack Hussein Obama prestaba juramento como 44° presidente de los Estados Unidos de America. Primer presidente afroamericano de la historia, se hallaba ante 1,8 millones de personas congregadas en el National Mall. Este mapa estelar captura la boveda celeste tal como aparecia sobre Washington en aquella noche en que America escribia un nuevo capitulo de su historia.

Contexto historico

El 20 de enero de 2009, Washington D.C. fue testigo de un momento que muchos habian creido imposible en vida. A mediodia, en las escalinatas del Capitolio de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama, hijo de un keniata y una estadounidense de Kansas, puso su mano izquierda sobre la Biblia de Abraham Lincoln y presto el juramento presidencial. A los cuarenta y siete anos, se convertia en el 44° presidente de los Estados Unidos y en el primer afroamericano en acceder al cargo mas alto de la nacion.

El National Mall, esa inmensa explanada que se extiende desde el Capitolio hasta el Lincoln Memorial, era un mar de humanidad. Un millon ochocientas mil personas se habian congregado en un frio glacial — la temperatura rondaba los menos cuatro grados Celsius — para presenciar este momento historico. Era la mayor multitud jamas reunida para una investidura presidencial. Banderas estadounidenses ondeaban hasta donde alcanzaba la vista, y el vaho de la respiracion de aquella marea humana se elevaba en el aire invernal como un incienso colectivo.

El discurso de investidura de Obama, pronunciado con voz firme y pausada, hizo eco de las grandes horas de la oratoria estadounidense. "Hoy les digo que los desafios que enfrentamos son reales. Son serios y son muchos. No seran superados facilmente ni en poco tiempo. Pero sepan esto, America: seran superados." Estas palabras, pronunciadas ante el mismo Capitolio donde esclavos habian trabajado como albaniles, tenian un peso simbolico inmenso.

Aquella noche, mientras los bailes inaugurales se sucedian en la capital, el cielo de enero ofrecia un espectaculo de belleza helada sobre Washington. La noche de invierno cayo temprano, y las constelaciones familiares del hemisferio norte aparecian una a una en el cielo oscurecido. Orion, el cazador celeste, dominaba el cielo del suroeste, su cinturon de tres estrellas senalando hacia Sirio, la estrella mas brillante del cielo nocturno, que ardia cerca del horizonte.

Geminis, con Castor y Polux, brillaban en lo alto del cielo, mientras Leo comenzaba a elevarse por el este, portando el brillante Regulo sobre su hombro. La Osa Mayor, ese asterismo emblematico del hemisferio norte, se encontraba baja en el horizonte noreste, sus estrellas apuntando hacia la Polar, esa estrella que ha guiado a tantos viajeros en la oscuridad — incluidos los esclavos fugitivos que seguian el "Drinking Gourd" hacia la libertad en el Ferrocarril Subterraneo.

La imagen de la Polar como estrella de la libertad tenia una resonancia particular en esta noche. En la tradicion afroamericana, la Estrella del Norte era el simbolo de la esperanza y la liberacion. Frederick Douglass, Harriet Tubman, los miles de esclavos fugitivos que habian desafiado pantanos y perros sabuesos — todos habian seguido esta misma estrella hacia el norte, hacia la libertad. Y ahora, bajo esta misma Polar, un descendiente de Africa prestaba juramento como presidente.

La Via Lactea, esa banda palideciente en el cielo invernal, se extendia sobre el Capitolio, conectando simbolicamente el pasado con el presente. Jupiter, el planeta de la realeza y la justicia, brillaba en el cielo vespertino, como bendiciendo esta transferencia pacifica del poder que constituye uno de los mayores logros de la democracia estadounidense.

El camino que habia conducido a este momento era largo y sinuoso. Habia comenzado mucho antes del nacimiento de Obama, en los campos de algodon del Sur, en las iglesias bautistas donde los pastores negros predicaban la esperanza, en los autobuses de Montgomery donde Rosa Parks se habia negado a ceder su asiento. Pasaba por el balcon del Motel Lorraine en Memphis, donde Martin Luther King Jr. habia caido bajo las balas de un asesino cuarenta y un anos antes, despues de sonar con un dia en que sus hijos no fueran juzgados por el color de su piel, sino por la fuerza de su caracter.

El reverendo Joseph Lowery, companero de King y cofundador de la Southern Christian Leadership Conference, pronuncio la bendicion de clausura. A sus ochenta y siete anos, habia sido testigo de todo el movimiento por los derechos civiles, desde las marchas de Selma hasta las sentadas de Greensboro. Su voz temblorosa portaba el peso de decadas de lucha: "Te agradecemos por el camino recorrido hasta hoy. Te pedimos tu bendicion para nuestros esfuerzos por trascender la comodidad del color de la piel."

Entre el publico, veteranos negros de la Segunda Guerra Mundial lloraban. Mujeres ancianas que recordaban las fuentes segregadas y los carteles de "Solo Blancos" lloraban. Jovenes que habian tocado puertas durante meses, que habian hecho llamadas, que habian creido cuando creer parecia una locura, lloraban. "Yes we can" — aquel eslogan de campana que habia comenzado como una esperanza se habia convertido en realidad.

Aquella noche, en las calles de Washington transformadas en una inmensa fiesta, la gente bailaba, se abrazaba, reia y lloraba al mismo tiempo. En los townships de Sudafrica, en Kenia, en el Caribe, en los suburbios de Paris y Londres, millones de personas celebraban un momento que parecia trascender las fronteras nacionales. La investidura de Obama no era solo un acontecimiento estadounidense — era un momento planetario.

Michelle Obama, resplandeciente con un conjunto amarillo de la disenadora cubanoamericana Isabel Toledo, estaba al lado de su marido, sus dos hijas Malia y Sasha entre ambos. Esta imagen de la familia Obama en las escalinatas del Capitolio, bajo el cielo estrellado de enero, redefinia la imagen misma de la familia presidencial estadounidense.

Hoy, este mapa estelar nos invita a alzar la mirada hacia las mismas estrellas que brillaron sobre Washington en aquella noche fundacional. La misma Polar que guiaba a los esclavos hacia la libertad sigue iluminando nuestras noches. El mismo Orion, los mismos Geminis, la misma Via Lactea que se cernian sobre el Capitolio continuan su ronda eterna. Las presidencias pasan, los discursos se desvanecen, pero el cielo estrellado permanece, testigo inmutable de los momentos en que la humanidad elige la esperanza.

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