El Cielo del Dia de la Liberacion de Nelson Mandela
El 11 de febrero de 1990, a las 16:14 hora local, Nelson Mandela cruzo las puertas de la prision Victor Verster, cerca de Ciudad del Cabo, tras 27 anos de cautiverio. De la mano de su esposa Winnie, con el puno en alto, camino hacia la libertad bajo un cielo de verano austral. Este mapa estelar captura la boveda celeste tal como aparecia sobre Ciudad del Cabo en el instante en que el apartheid comenzaba a morir — bajo la Cruz del Sur que vela sobre el Africa austral.
Contexto historico
El 11 de febrero de 1990, el mundo contuvo la respiracion. A las 16:14, hora local de Ciudad del Cabo, un hombre de setenta y un anos, vestido con un traje beige, cruzo las puertas de la prision Victor Verster en el suburbio de Paarl, a cincuenta kilometros de Ciudad del Cabo. Este hombre, al que el mundo no habia visto en casi tres decadas, se llamaba Nelson Rolihlahla Mandela. Con el puno izquierdo alzado hacia el cielo sudafricano, de la mano de su esposa Winnie, avanzo hacia una multitud delirante y hacia la Historia.
Veintisiete anos. Nueve mil ochocientos cincuenta y cinco dias entre rejas. Primero en Robben Island, aquella isla azotada por los vientos frente al Cabo, donde habia partido piedras en una cantera de caliza bajo un sol implacable, perdiendo gradualmente la vista por el resplandor blanco de la roca. Luego en la prision de Pollsmoor, y finalmente en Victor Verster, donde las condiciones habian mejorado a medida que la presion internacional se intensificaba. Durante todos esos anos, Mandela se habia convertido en el preso politico mas famoso del mundo, el simbolo vivo de la lucha contra el apartheid.
Aquel domingo de febrero, Ciudad del Cabo se banaba en la luz brillante del verano austral. La temperatura rondaba los treinta grados, y una brisa suave soplaba desde la bahia de la Mesa, trayendo el aroma salado del oceano Atlantico. La Montana de la Mesa, ese macizo iconico de cima plana, se alzaba sobre la ciudad como un centinela de piedra, banada en luz dorada.
En las calles de Ciudad del Cabo, decenas de miles de personas se habian congregado. En Soweto, en Johannesburgo, en cada township del pais, la gente lloraba, bailaba, cantaba. Las radios y televisiones de todo el mundo retransmitian el acontecimiento en directo. De Nueva York a Londres, de Tokio a Lagos, la humanidad celebraba la victoria de la dignidad humana sobre la opresion.
El cielo que se extendia sobre Ciudad del Cabo en aquella tarde avanzada de verano austral ofrecia un espectaculo celeste propio del hemisferio sur. La Cruz del Sur, esa constelacion emblematica que aparece en las banderas de muchas naciones del hemisferio austral, comenzaba a dibujarse en el cielo que oscurecia al este. Alfa y Beta Centauri, los Punteros, brillaban con vivo resplandor, guiando la mirada hacia aquella cruz celeste que habia servido de brujula a los navegantes durante siglos.
Centauro, esa gran constelacion austral, desplegaba sus estrellas sobre la Montana de la Mesa. Alfa Centauri, la estrella mas cercana al Sol a solo 4,37 anos luz, ardia como un faro en el crepusculo. Canopo, la segunda estrella mas brillante del cielo nocturno, flamaba alto en el cielo del sur, una estrella que los habitantes del hemisferio norte jamas ven. La Gran Nube de Magallanes y la Pequena Nube de Magallanes, esas galaxias satelite de la Via Lactea visibles unicamente desde el hemisferio sur, aparecian como manchas lechosas en el cielo que oscurecia.
Era un cielo que Mandela conocia intimamente. Durante sus anos en Robben Island, las estrellas habian sido sus companeras silenciosas. Desde el patio de la prision, podia alzar los ojos hacia ese mismo cielo austral, hacia esa misma Cruz del Sur, y extraer de ella la fuerza para continuar. Las estrellas no conocen el apartheid. Brillan con la misma luz sobre los barrios blancos y los townships negros, sobre las prisiones y los palacios.
El apartheid, aquel sistema de segregacion racial institucionalizada, habia sido instaurado en 1948 por el Partido Nacional. Clasificaba a los sudafricanos en categorias raciales — blancos, negros, de color, indios — e imponia una separacion estricta en todos los ambitos de la vida. Los negros, que constituian la gran mayoria de la poblacion, eran privados de derechos civiles, confinados en homelands superpoblados, sometidos a humillantes leyes de pases. La masacre de Sharpeville en 1960, cuando la policia abrio fuego contra manifestantes pacificos matando a sesenta y nueve personas, marco un punto de inflexion, que condujo a la prohibicion del CNA y al arresto de sus lideres, incluido Mandela.
Pero la liberacion de Mandela no fue un acto de clemencia — fue un calculo politico. El presidente Frederik Willem de Klerk, llegado al poder en 1989, habia comprendido que el apartheid se habia vuelto insostenible. Las sanciones internacionales estrangulaban la economia. La resistencia interior se intensificaba. El derrumbe de la Union Sovietica habia eliminado el argumento de la amenaza comunista. De Klerk eligio la negociacion en lugar del colapso.
El discurso que Mandela pronuncio esa noche desde el balcon del Ayuntamiento de Ciudad del Cabo, ante una multitud inmensa, resono como un llamado a la reconciliacion: "Me presento ante ustedes no como un profeta, sino como un humilde servidor de ustedes, el pueblo." Estas palabras, pronunciadas por un hombre que tenia todas las razones del mundo para exigir venganza, testimoniaban una grandeza de espiritu extraordinaria.
Cuatro anos despues, en abril de 1994, Nelson Mandela se convirtio en el primer presidente negro de Sudafrica, elegido en las primeras elecciones multirraciales del pais. La Cruz del Sur seguia brillando sobre el Cabo, sobre una nacion arcoiris que intentaba, bajo la guia de un hombre forjado por veintisiete anos de prision, sanar las heridas del apartheid.
Hoy, este mapa estelar nos invita a alzar la mirada hacia las mismas estrellas que brillaban sobre Ciudad del Cabo cuando Mandela cruzo las puertas de la prision. La Cruz del Sur, las Nubes de Magallanes, Alfa Centauri — esos centinelas celestes que iluminaron el largo camino hacia la libertad siguen brillando sobre el Africa austral, testigos silenciosos del triunfo del espiritu humano sobre la opresion.