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El Cielo del Día en que el Concorde Surcó el Aire por Primera Vez

Fecha:2 marzo 1969
Lugar:Toulouse-Blagnac, Francia
Coordenadas:43.6291, 1.3677
Categoria:Espacio

El 2 de marzo de 1969, a las 15:40, el prototipo 001 del Concorde recorrió la pista del aeropuerto de Toulouse-Blagnac y despegó por primera vez. A los mandos, el piloto de pruebas André Turcat hizo volar al pájaro blanco durante 27 minutos a baja altitud. Esta obra maestra de la ingeniería franco-británica se convertiría en el único avión de línea supersónico de la historia. Este mapa estelar captura la bóveda celeste sobre Toulouse aquella tarde — el cielo que el Concorde pronto cruzaría a Mach 2.

Contexto historico

El 2 de marzo de 1969, a las 15:40, bajo un cielo invernal aún luminoso sobre Toulouse, el prototipo 001 del Concorde recorrió la pista del aeropuerto de Toulouse-Blagnac. Miles de espectadores se habían congregado a lo largo de las vallas del aeropuerto y en las colinas circundantes para presenciar este acontecimiento histórico. Las cámaras de televisión de todo el mundo apuntaban a este pájaro blanco de nariz basculante y alas en delta de una elegancia sobrenatural.

A los mandos se encontraba André Turcat, piloto jefe de pruebas de la empresa Sud Aviation, un hombre de calma olímpica que había pilotado más de 100 tipos diferentes de aeronaves a lo largo de su carrera. A su lado, el copiloto Jacques Guignard, el ingeniero de vuelo Michel Rétif y el ingeniero de pruebas Henri Perrier completaban la tripulación. En la torre de control, decenas de ingenieros contenían la respiración.

El Concorde era el fruto de una colaboración sin precedentes entre Francia y el Reino Unido, formalizada por un tratado firmado el 29 de noviembre de 1962. Dos naciones, dos idiomas, dos sistemas de medida — los franceses usaban el sistema métrico, los británicos el imperial — trabajaban juntos para crear lo que parecía ciencia ficción: un avión capaz de transportar pasajeros al doble de la velocidad del sonido. La palabra «Concorde» simbolizaba esa concordia, ese milagro tanto diplomático como técnico.

Cuando los cuatro reactores Olympus 593 rugieron a plena potencia, el suelo de Toulouse tembló. El Concorde aceleró por la pista, su nariz afilada apuntando al cielo como una flecha de plata. A la velocidad de rotación, Turcat tiró suavemente de la palanca. Las ruedas abandonaron el asfalto. El Concorde volaba.

Este vuelo inaugural duró 27 minutos. Turcat mantuvo el avión a baja altitud — unos 3.000 metros — y a una velocidad subsónica prudente de 500 km/h. El tren de aterrizaje permaneció desplegado durante todo el vuelo, preparado para cualquier eventualidad. Turcat realizó algunas maniobras suaves — giros, cambios de altitud — para evaluar el comportamiento de la máquina. Todo funcionó. El avión se comportó exactamente como habían predicho las simulaciones. A las 16:07, el Concorde aterrizó suavemente en la pista, recibido por una ovación ensordecedora de la multitud.

Turcat descendió del aparato con una sonrisa discreta y pronunció la frase que se ha hecho célebre: «El pájaro grande vuela.» Francia y Gran Bretaña acababan de demostrar que era posible volar más rápido que el sonido en un avión de pasajeros.

¿Qué cielo se desplegaba sobre Toulouse aquella tarde de marzo de 1969? El sol invernal del suroeste de Francia se encontraba bastante alto para la estación, en la constelación de Acuario, bañando las colinas de Toulouse con una luz aún fría pero prometedora de la primavera inminente. Los Pirineos, visibles al sur en días despejados, recortaban una línea de crestas nevadas contra el horizonte.

En el cielo nocturno que había precedido este vuelo histórico, la constelación de Orión dominaba el firmamento al suroeste, su cinturón de tres estrellas perfectamente visible en el cielo límpido de finales de febrero. Sirio, la estrella más brillante, centelleaba al sur, compañero fiel del cazador celeste. Los Gemelos, Cástor y Pólux, brillaban en lo alto. Tauro, con Aldebarán, su ojo rojo, se situaba sobre el horizonte occidental. Las Pléyades formaban su cúmulo característico, centelleando como un puñado de piedras preciosas. Proción, en el Can Menor, completaba el triángulo invernal con Sirio y Betelgeuse.

En los meses siguientes, el Concorde fue ampliando progresivamente sus límites. El 1 de octubre de 1969 rompió la barrera del sonido por primera vez — Mach 1. El 4 de noviembre de 1970 alcanzó Mach 2, más de 2.180 km/h, convirtiéndose en el primer avión de transporte civil en volar a esa velocidad. A ese ritmo vertiginoso, la fricción del aire calentaba la superficie del avión a más de 120 grados centígrados. El fuselaje se alargaba de 15 a 25 centímetros por la dilatación térmica.

El servicio comercial comenzó el 21 de enero de 1976, con un vuelo de Air France de París a Dakar y Río de Janeiro y un vuelo de British Airways de Londres a Baréin despegando simultáneamente. Durante 27 años, el Concorde unió París con Nueva York en 3 horas y 30 minutos — una hazaña que ningún avión comercial ha reproducido desde entonces. Los pasajeros, sentados en una cabina estrecha de 100 plazas, podían ver la curvatura de la Tierra a través de sus ventanillas a 18.000 metros de altitud. El cielo, a esa altura, es de un azul casi negro, y las estrellas más brillantes son visibles en pleno día.

El Concorde se retiró el 24 de octubre de 2003, tras el trágico accidente de Gonesse el 25 de julio de 2000 y el declive del transporte aéreo supersónico. Pero en la memoria colectiva, sigue siendo uno de los objetos más bellos jamás creados por la humanidad — un pájaro blanco que, bajo el cielo de Toulouse, una tarde de marzo de 1969, demostró que el sueño de Ícaro no tenía límites. El cielo que el Concorde surcó aquel día es el mismo que vela sobre nosotros esta noche — eterno, indiferente al paso del tiempo, testigo silencioso de la audacia humana.

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